Palabras inquietas

Locos x la Puna


A raíz del reciente viaje emprendido por Chugo, Deborah, Juan y quien les escribe - Axel - (los V4) hemos emprendido un nuevo blog denominado Locos x la Puna.
Este Blog está dedicado muy especialmente a todos aquellos amantes de estos paisajes solitarios, de la eterna soledad de sus montañas, de la fuerza transformadora de la naturaleza en estado puro, de su gente, su vida, sus costumbres, aquellos que hacen Patria en un rincón tan distante como solitario y que muchas veces olvidamos, esos lugares espectaculares que invitan a reflexionar cúan pequeño es el ser humano en esta tierra y que hermoso es poder conocerla.
Los invitamos a que se peguen una vueltita por él y puedan conocer de nuestra mano y a través de nuestros relatos lugares tan maravillosos como distantes de nuestro país.
Saludos.
Axel.

PROYECTO RUTA 40 JUJUY

Algo de esto ya les había contado. Cuando en abril de 2008 de Abra Pampa emprendimos viaje a Cusi Cusi, el estado del camino iba empeorando a medida que avanzábamos en el terreno, siendo la parte Abra Pampa / RP.7 / acceso a M. N. Laguna de los Pozuelos / empalme RP.70 lejos el tramo más bueno del recorrido total (a pesar del continuo “serrucho”).

En el día de ayer recibí en mi casilla 4 correos de Silvia y Carlos de Buenos Aires, quienes recientemente regresaron de un exitoso viaje por la puna jujeña; con respecto al camino mencionado me contaron que “…está mucho mejor. Un poco malo (serrucho) hasta Pozuelos y un poco más. Después más adelante se ve que pasó la máquina y si bien es ripio, anduvimos perfectamente”.

Al ver las fotos que ellos tan gentilmente me enviaron en dos tandas, inmediatamente hice una comparativa con las que yo había tomado en aquella oportunidad, percatando notables mejoras en la nueva traza de la Ruta 40.

En Abril de 2008 la ruta era un camino estrecho que pasaba sobre un terreno blando.

En la foto de Silvia y Carlos (Septiembre de 2009) podemos apreciar un notable ensanche de la misma ahora sobre un terreno mucho más consolidado.

Esta parte pertenece al tramo Liviara / Santa Ana, más precisamente cuando la ruta 40 intersecta el río Orosmayo (fotos) a 4.5 Kilómetros al norte del cruce RP.70 / RN40 (Liviara).

Para finalizar la entrada unifiqué algo muy interesante que los viajeros me contáron en sus respectivos correos:

“Dormimos allí (Cusi Cusi), en lo de Hipólito Bisque. Compartimos alojamiento con un grupo de topógrafos que estaban con sus GPS, computadoras, cuatriciclo, bidones de nafta, su cocina, etc etc, trabajando en la traza nueva de la 40 para una empresa que ganó la licitación, pero es solo para el proyecto por ahora. La idea es que puedan hacerla antes de que termine Cristina, y sólo tiene adjudicada la parte de Jujuy. La prioridad es unir los pueblos mineros. Aparentemente (la RN40) vendría desde S A de los cobres- Susques- Mina Pirquitas - Cusi Cusi - (aunque no va a pasar exactamente al lado del valle de la Luna, dicen que se vería de lejos). Dijeron algo de Timón Cruz- pero no entendí si pasaría por SJ de oro o hacen otra traza. Y la parte Norte tampoco me quedó clara, porque no sé si ellos todavía están evaluando el trayecto. Ese día venían sus jefes a ver si lo que ya habían proyectado les gustaba. Si no, podían rebotarles lo que ya habían hecho y tendrían que corregir cosas. Estaban con una Laptop haciendo dibujos todo el tiempo”.

Todo parece indicar que el gobierno finalmente ha puesto en marcha la maquinaria. Enhorabuena!

El loco de Malvinas


Hay hombres que pasan por la vida sin dejar rastros. Son quienes andan despacito, en silencio, que ni siquiera levantan tierra al caminar. Nadie sabe que estuvieron, que pasaron, que existieron. Y quizás son la mayoría, por más que cueste reconocerlo.

Pero hay otros, que revolucionan cada espacio, a cada persona que se cruzan, marcando un antes y un después de ese encuentro. Sus vidas se convierten en historias, no pasarán jamás desapercibidos, por mucho que lo intenten. Este personaje, ni siquiera busca esconderse, anda por el mundo avasallante con su imagen y su lucha.

Muchos lo consideran fuera de si. Allá, en sus pagos, los que recorre como dueño, en la lejana Patagonia Austral se lo conoce lisa y llanamente como “El loco de Malvinas”. Yo también me lo crucé y no pasó desapercibido, y es por ello este relato.

Eldi Walther Carrizo (así, con h en el medio) nació hace más de setenta años en las verdes pampas de Bolívar. Marcado por su destino vino a caer dentro de una familia de circo. La trashumancia sería su marca personal y años después, tomando una chocolatada en medio de la estepa santacruceña se despacharía con su historia.

-¿Que preferís? Te puedo recitar una obra completa de Pirandello, me la se de memoria. Sino te cuento la gesta de Malvinas. Pero ojo, prestá mucha atención que después te tomo la lección como en la escuela.

En lindo brete me metí, pero por suerte tengo buena memoria y pasé la prueba. Mucho más que escuchar no había. Estábamos en Las Vegas, paraje rural con mucho nombre pero pocas casas. El viento soplaba con ganas y me decidí por las islas del sur. Ya le había dicho que nací un dos de abril y el hombre se había entusiasmado. A lo lejos, la cordillera comenzaba a perfilarse como una promesa en nuestro destino.

Una amiga siempre dice que no es uno el que elije viajar sino que es el viaje el que te elije. Este fue un caso de esos. Durante ese trecho desértico descubrí uno de esos personajes que los buscadores de historias consideran como un gran hallazgo. Años demoré en escribir estas letras, y ya creo que es el momento de darlas a luz. Pero volvamos al principio…

Güer Aike. Puesto caminero. Mediodía de diciembre.

Apenas había alcanzado a atajar la mochila que caía desde la cabina del Volvo cuando lo conocimos. Veintidós horas antes estábamos paradas con mi ocasional compañera de viaje afuera de una estación de servicio semi abandonada a la altura de San Antonio Oeste, el pueblo de las mareas indecisas. Ahora, con mucha tierra y kilómetros más encima, hacíamos pie a la entrada de Río Gallegos.

Medio kilo de yerba Rosamonte. Eso es lo que dura hacer el tramo casi completo de la ruta 3 por la costa patagónica. Medio kilo de yerba y muchas y obvias paradas en cada parador rutero. Cinta asfáltica para pacientes, la tres es una de las cosas más tediosas en la vida, pero sin embargo gusta y mucho. Es aquella que termina con uno de los carteles más fotografiados del país, allí en la helada Lapataia.

Ahí lo vi. Una mano se agitaba desde la ventanilla de la camioneta blanca. Un dibujo del indio Patoruzu al lado de una imagen de las islas Malvinas decoraba el exterior. Un hombre barbudo, muy parecido al cantante Facundo Cabral, me llamaba desde la banquina de enfrente.

-¿Para donde van? Yo voy hasta Calafate.

Nos miramos incrédulas. Mucha suerte para un solo viaje. Saludamos al Pollo, camionero sanjuanino con el que habíamos llegado hasta ahí, y cruzamos al puesto caminero para informar de nuestra presencia en la provincia de Santa Cruz. El gendarme miró con cara de pocos amigos mi documento maltrecho, mientras relojeaba de costado mi enorme mochila. Cientos de viajeros ya se habían cruzado con esos ojos toscos, y ni mi sonrisa de chica buena iba a cambiar su idea acerca de los mochileros. Anotó mis datos y no me perdió pisada hasta que logré acomodarme en la camioneta.

El cartel de la salida rezaba que nos faltaban 286 kilómetros para nuestro primer destino. Una ganga al lado de todos los que habíamos recorrido en el Volvo. Rosario ya no estaba cerca. La Patagonia Austral nos recibía así entre viento y estepa en la camioneta de Eldi Carrizo. El loco de Malvinas.

Ciudadano del mundo

Nació en Bolívar un 20 de septiembre, cuando recién comenzaba la década infame. Las vueltas de la vida llevaron a su madre a liarse con el propietario de un circo, lugar adecuado para el pichón de trotamundos que apenas berreaba. “El circo me llevó a todos los pueblos de la República Argentina, fui a más de doscientas escuelas. Así que la educación mía fue en la “yeca”, pero por suerte siempre anduve por derecha y aprendí a querer a la gente” me dijo antes de ofrecerme recitar a un Pirandello que no sabría que hacía en medio del viento patagónico.

Cuando murió su madre Eldi cargó con sus petates y sus 16 años y se fue para Chascomús como empleado de una empresa constructora de puentes. Con el tiempo se convirtió en técnico en hormigón armado y enfiló para donde había más trabajo y se ganaba mejor dinero, hacia el sur. Pero no solo había un interés económico, este joven ya era nómade por naturaleza, y la Patagonia austral se perfilaba como una gran aventura. Así en el 55, en los años de la Revolución Libertadora que había derrocado a Perón, se instaló entre las montañas y los lagos azulados de El Calafate.

Trabajando en Vialidad Nacional Carrizo formó parte de la construcción del 90% de los puentes y alcantarillas de Santa Cruz. Compañero de Julio de Vido, dice ser el él que le presentó a Néstor Kirchner, cuando aún eran vecinos en Río Gallegos. Entre mate y ruta, sigue sorprendiéndome con cada historia.

Los años en familia

Los últimos años de los 60 lo encontraron viviendo en San Nicolás de los Arroyos, al norte de la provincia de Buenos Aires. En los descansos de su trabajo como contratista de Somisa conoció a Sara. Así comenzaría su historia de a dos, entre los viajes por trabajo y los cinco hijos que de a poco vendrían en camino.

“Yo quería tener una hija para llamarla Malvina Soledad Argentina. Con el primer embarazo mandé a todos los parientes un telegrama que decía: “Malvina Soledad Argentina en viaje al mundo terráqueo. Los invito a su nacimiento”. Nació macho y se llamó como yo. Segundo embarazo, nuevo telegrama, nace Javier Martín. Otra vez, año 73, nace Facundo. A la cuarta nace Malvina Soledad Argentina, en Puerto Santa Cruz, el 21 de noviembre de 1974. De yapa después Vino Nazarena Andrea Silvana”. Prolífico este hombre por cierto, además de insistente.

Pero las raíces tiraron más fuerte. A Sara le tiraban sus pagos nicoleños y Eldi solo disfrutaba los fuertes vientos de Santa Cruz. “Tal es así que vinimos un día a mis 14 años, quedamos acá y el volvió y así fue la separación. Fue una separación para ellos, nosotros éramos chicos, en esa época mucho no entendíamos”, me dice Facundo mientras toma su café, mucho tiempo después de conocer a su padre.

A pesar de los años y la distancia, tanto padre como hijo se aúnan sin saberlo en las buenas palabras hacia el otro. Se ven poco, es cierto, pero el contacto es continuo. Cartas que viajan ida y vuelta atravesando la ruta 3 los mantienen comunicados. Pero lo más importante aún, son los rastros que se pueden ver de Eldi en sus hijos, ya adultos. “Mi viejo es un tipo laburador, siempre inculcándote que estudies, a nosotros nunca nos faltó nada. Pero fijate, yo tenia 13, 14 años, y el nos llevaba en el auto a vender diarios en Gallegos, mirá que no nos faltaba nada, pero el así nos demostraba como ganarse el mango, lo que valía. Y fue el laburo en mi vida que más me gustó, me caminaba toda la ciudad. Nos hacía valorar las cosas a su manera. Y lo mismo hace con sus nietos”, continúa Facundo.

El último buscador de oro

Cabo Vírgenes es el último confín de la parte continental sur de nuestro país. Vecino al Faro Dungeness, es la puerta de entrada al remoto Estrecho de Magallanes, tierra de mitos y leyendas. Aislado lugar, excelente cueva y refugio para un alma ermitaña como la de Conrado Asselborn. Entrerriano, nieto de un alemán del Volga, duro de carácter y sin el más mínimo sentido del humor. Vivía solo en un ranchito hecho con sus manos. Había pasado por la Marina, trabajado cuidando la frontera en el paraje El Zurdo, cerca de Río Turbio, y hasta pasado unos cuantos meses en dos oportunidades en el penal de Ushuaia por callar definitivamente a graciosos que osaron molestarlo.

Conrado no quería a la gente, pero entre los más detestables a su gusto estaban los periodistas, luego de que uno de ellos publicara una nota sobre su vida que no lo convenció. A unos los recibió a los tiros, por lo que prudentemente se retiraron en búsqueda de otra nota que escribir sin correr riesgo de vida. Sin embargo, en el “El loco de Malvinas” encontró a un amigo. “Empecé a ir y me enseñó a buscar oro, así que nos íbamos con el viejito y pasábamos horas juntos”.

Por esa compañía y por su carácter avasallante Eldi se ganaría la rabia de mucho de los chilenos que viven en el sur de Santa Cruz, ya enemistados con Conrado por broncas antiguas. Como me dice Facundo, “…siempre fue un tipo corajudo, de ir al frente, ahora está más viejo y es más fácil golpearlo, siempre tuvo problemas con ese tipo de gente”.

Conrado era un hombre difícil, muy firme de carácter y estricto consigo mismo. Cuando le preguntaron como se las arreglaba solo en caso de estar enfermo, solo respondió: “Tengo buena salud. Me curo solo. Yo no doy trabajo a los demás ni lo voy a dar. Cuando la cosa sea muy grave sé lo que tengo que hacer”. Y bien que lo supo. En mayo de 1992, ya con más de setenta años y luego de quebrarse un par de costillas en una caída, no lo dudó, tomó su escopeta y simplemente apuntó.

Fue justamente Eldi quien lo enterró, allí donde había pasado más de medio siglo en soledad. Conrado no se fue nunca más de Cabo Vírgenes y Carrizo, su amigo, cuando puede lo va a visitar.

El reclamo de su vida

Domingo soleado en Hyde Park. El parque londinense rebosa de gente dando vueltas. En la esquina conocida como Speaker´s Corner un hombre de barba grita sin parar envuelto en banderas. Un Bobby (como se conoce a los policías ingleses) le acerca un cajón para que se pare encima. Según un decreto de 1872 todo ciudadano del mundo tiene el derecho cada domingo de reclamar lo que se le venga en gana, criticar a la reina o a sus ministros. Con un par de condiciones: no debe pisar suelo ingles, por lo que se debe arengar parado sobre un banco o escalera, y no se deben utilizar banderas de ningún tipo.

Eldi, el barbudo de las banderas, patea el cajón gritando: “Voy a dejar de pisar el suelo inglés el día que ustedes dejen de pisar las Malvinas, y las banderas si quieren sacarla, háganlo ustedes, pero se va a saber”, mientras apuntaba a los policías con su vieja máquina de fotos. Los bobbys se miran confundidos, saben el valor que la bandera tiene para los argentinos, temen un conflicto diplomático y re retiran refunfuñando por lo bajo.

Decenas de argentinos se fueron sumando al reclamo, y entre mates y charlas le hacían el aguante a Carrizo, el Loco de Malvinas. Antes de despedirse entre abrazos, el himno salía de esas gargantas en el exilio, como un respiro profundo que les recordaría el terruño lejano.

Cuatro veces repitió este ritual, quedándose en casas de amigos que le dio su vida trashumante. Sin ningún tipo de ayuda oficial, marcha Eldi hasta Inglaterra con su reclamo. Ahora se dirige a su quinta visita al Speaker´s Corner mientras prepara otro sueño: “Yo quiero vender acá. La finalidad va a ser vender todo esto, me compro un motorhome para recorrer la Argentina y dar charlas. No pido nada al gobierno porque nunca me dieron ni cinco centavos”. Si algo queda claro al conversar con este hombre es que es un especialista en la historia de las islas y su tarea cotidiana es la de difundirla.

Otro de sus grandes amigos, e inspirador para Carrizo, fue el piloto Miguel Fitzgerald, argentino de raíces irlandesas que en 1964 y como autorregalo de cumpleaños levantó vuelo en su pequeño avión Cessna monomotor y marchó destino a las remotas islas. Allí plantó la bandera y dejó sentado por escrito su reclamo de soberanía al entonces gobernador británico Thompson. Copia fiel del mismo se encuentra entre los cientos de papeles y documentos que atesora Eldi en su “bunker” de El Calafate.

Su plan es pacífico, nada de armas ni exabruptos diplomáticos. Solo el amor. “Mi idea es sembrar para cosechar más adelante cuando recuperemos las islas ya que los ingleses no la quieren a Malvinas, es un gusto o capricho que les sale demasiado caro. Digo que hay que ir a Malvinas con equipos de fútbol de muchachos argentinos e ir con planteles femeninos de hockey allá a competir. Cupido se va a encargar del resto, se van a poner de novios, van a darse casamientos y así despacio, despacio y si ejecutar un solo tiro vamos a recuperar las islas”. Quiero decirle que ese es el argumento de la película “Fuckland” pero me quedo callada y sigo escuchando…

Mucho tiempo después, y averiguando de su vida me tomo un café con Eduardo, periodista nicoleño que le dedicó muchas de sus columnas, quiero saber que es lo que le dejó Carrizo y me dice sonriendo: “Realmente es un tipo avasallante, corajudo, son de los que habitualmente nos hemos acostumbrado a llamar locos. Un loco, en el sentido bueno de la palabra, al que no es fácil controlar en sus impulsos y hace cosas que el resto no hacemos, bueno, el piensa cosas y las hace. El parece que ha nacido con eso, de chiquito le dijeron que las Malvinas eran argentinas y a el le pareció como mentira, ¿como son argentinas y están los ingleses? Es algo que nunca entendió, y como buen loco fue hacia su objetivo: hacer algo para que se sepa que las Malvinas son realmente argentinas. Eso parece que fue una fijación histórica en su vida”.

A estas alturas pienso que no está tan loco como dicen, Eldi Carrizo aparece en la vida de los que se lo cruzan con miles de historias que cuenta de un tirón y que desborda al que lo escucha. Una real explosión de información, de anécdotas, de relatos que rozan lo increíble, pero que cuentan con una enorme cantidad de pruebas que afirman su veracidad. Historias que dejan con ganas de más, de escudriñar un poco cada rincón de la vida del loco. Ese que iza la bandera cada domingo en El Calafate, el que habla por todos los medios posibles de su lucha y convicción, el amigo de tantos viajeros, el personaje entrañable de esos que solo los caminos y las vueltas del destino pueden cruzar. Definitivamente, no creo que esté loco.

Busquemos a Seba

Sebastián Musacchio se encuentra desaparecido desde el 23 de Julio. Estaba de viaje por Catamarca y lo último que se sabe de él es que estuvo en el camping El Shical de la localidad de Londres en dicha provincia.

Sebastián se comunicó con su familia por última vez el 23/07/09 desde Andalgalá (Catamarca). Ahí informó que viajaría a Belén y luego pasaría por Santa María para posteriormente regresar a San Miguel de Tucumán.(Manifestó que pensaba realizar el recorrido en 5 días aprox)

El 04/08 encontraron restos de sus pertenencias en el camping "El Shincal" de Londres (Catamarca).

Toda la información que va saliendo la pueden encontrar en http://www.busquemosaseba.blogspot.com

Nombre: Sebastián Musacchio
Edad: 22 años
Oriundo de: Comodoro Rivadavia
Residencia actual: San Miguel de Tucuman
Vestía:
pantalón marrón
zapatos de cuero marrones
campera verde militar
mochila grande de viaje roja y negra

Si tenes alguna informacion de el, por favor comunicate

TELEFONOS DE CONTACTO
0221-4226818
0221- 154403795
0381- 155882353
0297-154384587

EMails:
liciamusacchio@gmail.com
emusacchio@gmail.com
emusacchio@yahoo.com

LA CASA DE PASCUALA VAZQUEZ

Uno de los lugares más hermosos y del cual guardamos excelentes recuerdos es sin dudas la Casa de Pascuala Vázquez. Estuvimos allí en el año 2006 y es uno de los lugares a los que siempre queremos volver y sin ningún lugar a dudas volveremos alguna vez.
En el día de anteayer hemos recibido la invitación de nuestra amiga Yanina a formar parte de este proyecto colectivo en donde nos encontramos los amigos de Pascuala.
Hoy completando este hermoso recuerdo salió en Clarín esta nota sobre este maravilloso rincón de la Puna Catamarqueña.



Encuentra más fotos como ésta en la Casa de Pascuala Vázquez .

UN PAPELÓN EN ISCHIGUALASTO (Anécdotas de viajes)

El famoso “Valle de la Luna” sanjuanino se recorre en vehículo propio y con ayuda de un guía. El cuidado del parque es prioridad #1 para el concesionario; no esta permitido aproximarse a las geoformas ni sustraer muestras del lugar (esto se traduce a NO dejar solos a los turistas).

Domingo 30 de diciembre, de 2007.
Parque provincial Ischilaguasto, San Juan.


Ocho vehículos componían la caravana ese día. (En la foto solo se ven seis).

Ya habíamos visitado “El gusano”, “Valle pintado”y “Cancha de bochas” (foto). Hasta acá, todo bien!

Nos quedaban las dos últimas geoformas: “El submarino” y “El Hongo”. Vamos en camino!

(El R12 ocupaba el 5to. lugar en la caravana).

-Mirá que bueno “flaca”, paremos! unas fotitos... Sigamos.

-Paremos! otras... Sigamos.

(Sin querer nos íbamos distanciando del resto…)

-Paremos! clic, clic… Sigamos / Paremos! clic, clic, clic… Sigamos… Una bifurcación. Stop.

(A esta altura habíamos perdido de vista a “los punteros” , no era para menos!).

-Mmm....... giremos a la derecha. Sí, es a la derecha (?)

(Por supuesto, el resto de los vehículos seguían al 12).

Llegamos a “El Hongo”. Ni noticias de los demás. No había nadie esperando en el lugar. Estabamos "como los chicos cuando no está la maestra".

Media hora después asoma la combi del guía y los restantes vehículos de la caravana.

Debo reconocer que fué un momento algo difícil. Casi casi se arma una de cowboys! (ver video).

N.d.R: Desde que compramos la cámara digital (2007) “hacemos un metro y sacamos una foto” (un poco exagerados, no?).

Cuando trabajamos (el guía del parque) manejamos tiempos diferentes a cuando estamos de licencia (nosotros). Como sea, el hombre no deja de tener razón: “la idea es no distanciarse…”. Pasa que en vacaciones, el Renault “anda a 20 Km/h…”.
De todas maneras, según el guía, ya habíamos visto “el 99,9% del lugar” (?), así que “los perdidos” nos perdimos de visitar “El Submarino”.

Será hasta la próxima “Anécdotas de viajes”. Saludos!